Día treinta y seis de viaje. Al igual que el año pasado cuando en San Martín de los Andes llegamos a la casa de los tíos de Maxi, ya me siento en zona de confort. Mañana temprano salimos para Mar del Plata y el viaje se termina oficialmente.
El cuatro de Abril, después de volver de Iruya, pasamos por Giramundo, en Humahuaca, nuevamente. Encontramos a algunos conocidos, sacamos los pasajes para el día siguiente a Bs As y, después de bañarnos y comer, nos fuimos a dormir. Los pasajes que compramos estaban de oferta- novecientos cada uno- y el lugar en el que lo compramos nos dió algo de desconfianza. El cinco a las doce menos cuarto fuimos a buscar los pasajes- el día anterior no estaban pero le dejamos una seña y nos dieron una boleta-. Los pasajes tenían otra fecha y la mina que nos lo vendió no nos inspiraba mucha confianza. Además, a diez minutos de que salga el micro, nos enteramos de que, con ese pasaje, teníamos que bajarnos en San Salvador y desde ahí caminar unas cuadras hasta la sede de otra empresa de la cual saldría el micro para Retiro. La noticia no nos agradó para nada y, francamente, tenía miedo de que nos hayan cagado. Ya no nos quedaba otra. La mina nos había dicho que teníamos que pagar doscientos ahora y que el resto lo pagábamos en la otra empresa.
A las doce nos subimos al micro y un par de horas después estábamos en San Salvador. Empezamos a caminar hacia la dirección que nos habían dado. Male estaba de malas. Media cuadra antes de llegar vemos un cartel que rezaba " SAN SALVADOR-ONCE, 600 $, 17 HS, Flecha Bus". Nos miramos y la pensamos. Male se quería ir por ahí ya que la empresa era mas conocida. Le dije que me esperara ahí y me fui hasta la otra empresa a ver que onda. Aunque media rustica, parecía decente. Sin decirle que tenía el boleto para pagar los setecientos que faltaban le pregunte cuando y a que hora salía y me respondió que setecientos y a las dos y media. Volví con Male y le dije que no pensaba que hubiera nada raro y que este salía dos horas y media antes. Yo ya quería subirme al micro. Ella me decía que no le daba confianza y que prefería ir con la empresa que conocía y esperar mas. En medio de la conversación nos interrumpe un chabón que trabajaba para Flecha y nos dice que la otra empresa va a salir solo si completa todos los asientos, que puede salir a cualquier hora, mientras que el de Flecha Bus iba a salir a las cinco con los pasajeros que tuviese. Que conveniente, hasta parecía que quisiera que viajemos con SU empresa. Le dije a Male que si ella se quedaba mas tranquila así, viajemos a las cinco por ahí y listo.
Dejamos las mochilas y nos quedamos esperando el tiempo que restaba tomando mate. El micro de la otra empresa en lugar de a las dos y media, termino saliendo a las cuatro. A las cinco nos movilizaron a nosotros y al resto de los pasajeros una calles hasta donde pasaría el micro. Las cinco se transformaron en la seis y las seis en las siete. El micro no llegaba. Se empezaba a hacer de noche, la zona no era linda, había gente con nenes chiquitos y estábamos todos regalados al tener valijas, mochilas, documentos y plata encima. Un hombre dijo que le habían dicho en la empresa que estaba atrasado y que en quince iba a estar. Los quince se transformaron en veinte, los veinte en cuarenta y los cuarenta en una hora. Me volví a ir hasta la empresa, ya mas impaciente. Le dije que el micro llevaba tres horas de retraso, que se estaba haciendo de noche y que nos dijeron veinte veces que faltaban quince minutos. Lavándose las manos y con prepotencia me dijo que de verdad en quince iba a estar. Volví y dí la noticia. Los quince pasaron nuevamente y ahí fue cuando Male tiró el comentario desencadenante: en un rato ellos iban a cerrar y nosotros nos quedábamos en la calle. La gente se empezó a poner nerviosa. Les propuse a los de mi alrededor armar un grupo grande e irnos hasta la empresa mientras que otros se quedaran por si llegaba el micro. Una vez ahí, ya enojados, exigimos respuestas. El tipo de ahí en un principio siguió en cocorito pero cuando la gente empezó a gritar y a pedir que le devuelvan los pasajes se empezó a quedar en el molde. Esa última idea ni me gustaba ni me convenía. Con Male casi no teníamos plata para hospedarnos y era de noche para salir a buscar. Algunas personas decían que no se iban a ir de ahí hasta que llegara el micro. Le pregunté al flaco a que hora cerraban y me contestó que a las diez. Le dije que esperábamos hasta las nueve y que si no nos devolvían todos los pasajes y respondió que sí. A algunos les gustó la respuesta y a otros no. El ambiente se había caldeado mucho y nadie dejaba hablar. Supuse que no iba a terminar bien y me fuí de ahí. Volví al lugar en donde estaba Male cuidando las mochilas con un grupo de gente y conté lo que había pasado. Muchas personas ya no creían que el micro fuera a venir. Yo esperaba que sí, si no no sé que íbamos a hacer.
Entre las casos que mas me conmovían por la situación estaba el de un chica joven con dos nenes de no mas de seis o siete años y uno de doce o trece que venía con varias cajas y muchos bolsos como equipaje, y el de una mujer que venía con un hombre mayor que estaba sordo.
Quince minutos después apareció un hombre con la remera de Flecha Bus diciéndonos que en cualquier momento el micro iba a llegar y que estemos listos porque íbamos atrasados y al otro día iba a estar todo cortado por el paro de transporte ¡¡¡ NOS APURABA ADEMÁS!!! Increíble, viejo. Male odió a ese tipo.
A los diez minutos el micro finalmente llegó. Empezamos a cargar todo y pensamos que la secuencia había terminado. Pero no, a la odisea todavía le quedaba una vuelta de rosca: Una mujer preguntó para asegurarse si paraba en Escobar, a lo que el chofer responde que no y se desata un nuevo escándalo. El micro suele hacer esa parada pero como había paro de transporte el chofer decía que no iba a tener lugar para parar. La mujer le gritaba que le habían vendido el pasaje diciéndole que tenía parada ahí, que estaba con su papá- el hombre mayor sordo- y que estaba hace cuatro horas esperando en la calle. Algunas personas hacían reclamos similares y otras pedían entrar de una vez al micro. En medio del conventillo el chofer pega una puteada, dice que él así no trabaja y se empieza a ir caminando. Con Male nos mirábamos y esperábamos a que alguien saque una cámara y nos dijera que era todo una joda.
Unos minutos después, el chofer vuelve y la gente empieza a subir al micro. Algunos pasajeros se fueron y la mujer subió a su papá y quedó con un hombre en que después él lo llevaría en auto a su casa. Ella no subió.
Cuando nos cortaron el pasaje y subimos notamos otro problema: nuestros asientos no existían, los números no estaban ni arriba ni abajo. Male se largó a llorar y me dice que son todos unos pelotudos de mierda, cosa que yo ya sabía. Como no quedó otra alternativa, nos sentamos en otro lugar- me llegaban a decir que me baje y les prendía fuego el micro- pensando que si el colectivo estaba lleno no se que iba a pasar. Ya sentados, otro pasajero- que ya estaba en el micro desde antes- me cuenta que estos mismo choferes fueron los que el día anterior habían salido desde Buenos Aires y que, llegando a Jujuy, se había roto el micro cuando los habían pasado a buscar a ellos por uno de los pueblitos que están antes de San Salvador. El colectivo estuvo unas horas en el mecánico con los pasajeros ahí y después vino directamente a buscarnos a nosotros. Los choferes llevaban sin dormir mas de un día y ahora iban a manejar otras veinte horas. Cada vez mas linda la situación.
Después de un trayecto mas largo de lo esperado, llegamos a Once con una linda anécdota para contar.
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