17/11/17

30/03/17 Copacabana, LA ISLA DEL SOL/ Bolivia

  El que no cumple sus sueños es porque no los desea con suficiente intensidad. ESTOY EN LA ISLA DEL SOL. LLEGUÉ. Uno de los momentos mas felices de mi vida. El viaje de entrada fue planeado con la idea de recorrer las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy con las posibilidad de pasar a Bolivia y, si la situación se prestaba y las condiciones se daban, llegar a la Isla del Sol. El destino es un invento de los cobardes. Si se buscan determinadas condiciones uno tiene que lograr que se den. Dice Katzenbach en El psicoanalista " el mayor lujo de nuestra existencia, por más miserable que esta sea, es que no sabemos los días que nos han tocado en suerte". Lo sueños se cumplen hoy, se vive conforme a los principios de vida hoy, se dice te amo hoy. La sociedad enseña a postergar. Es necesario trabajar y estudiar, tener una casa e hijos, casarte y ser quién te dicen que debes ser. Si no se sigue ese caminito empedrado que te guía hacia lo que es considerado correcto, uno se convierte en un paria. Tener es mas importante que sentir, los sueños y principios pertenecen a libros y películas. Que ironía que las personas se pregunten por qué el mundo es frío y cruel.
  Hoy, exactamente cuatro semanas después de haber salido de Mar del Plata, conocí uno de aquellos lugares a los que me prometí ir antes de morir. En este momento escribo sentado en un muelle rozando con las zapatillas el infranqueable lago Titicaca mientras veo al sol esconderse detrás del horizonte. Y esto no me lo quita nadie. Pero, sin embargo, no me resultó fácil llegar hasta acá. Ayer a eso de las cinco y  media de la mañana llegamos a La Paz. La capital boliviana nos recibió con frío y lluvia. Con Male esperamos a que el sol saliera y abajo de la lluvia salimos a buscar hostel. Nadie nos abría la puerta. Al rato, después de tanto molestar, nos abrieron la  puerta en "Isidoro" cobrándonos cincuenta bolivianos. Mojados, con frío y sucios dejamos las mochilas y nos pegamos un baño en una ducha que solo de vez en cuando tiraba un chorro de agua caliente. A las puteadas, nos acostamos a dormir a las ocho de la mañana para despertarnos a la una.
  Male viene tirando con un resfriado y mucha tos hace una semana. Como le dolía el pecho prácticamente la obligué a que vayamos a consultar a un médico después de haber comido unas empanadas que ni se comparan a las argentinas y sacar los pasajes a Copacabana- treinta bolivianos-. En el consultorio le dijeron que se le había bloqueado un conducto de la bilis y, mediante una inyección, le dieron un antiespasmódico que al rato la hizo sentir mejor. Me es grato contar, por otro lado, que al fin pudimos lavar la ropa sucia, lo que fue un alivio.
  A las ocho de la mañana de hoy estábamos camino a Copacabana. El colectivo hacia muchos ruidos y el conductor no se perdió un bache, haciéndonos saltar durante las cuatro horas de trayecto. En Copacabana compartimos un menú de quince bolivianos entre los dos y luego tomamos un barquito que dos horas después nos dejó en la isla.
  Resultó que la playa, en donde queríamos acampar, queda en la otra punta de la isla. Subir el trayecto que hicimos fue la segunda cosa mas difícil que hice en mi vida después la montaña que con Maxi subimos en El Bolsón y esto se debe, en gran parte, a que Male se descompuso por la altura y la pasó realmente mal, lo que derivó en que yo llevara todas las mochilas. A media hora de llegar a la parte más alta de la isla ví que Male de verdad no podía más, así que le propuse quedarnos en una de las casas que alquilan los lugareños a lo que ella aceptó encantada. Siento mucha admiración por mi novia. Ella no se considera una mochilera y, obviamente, prefiere viajar con ciertas comodidades. Pero gracias a una mezcla de la gran valentía con la que enfrenta a la vida, su amor por mi y su hambre de conocer, se lanzó de lleno a un viaje repleto de aventuras e incertidumbre. Apoya mi romanticismo y le estoy muy agradecido.
  Un rato después de instalarnos-veinticinco bolivianos- fuimos a tomar unos mates y cuando volvimos la dejé descansado en la habitación y me vine hasta acá a estar solo un rato. Y, como siempre, a contemplar. Estoy empezando a quedarme sin luz y tengo una larga caminata hasta la habitación que además es en subida.

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