27/9/17

21/03/17 Tilcara/Jujuy

  Nos levantamos relativamente temprano en Salta Capital y caminamos a la terminal-no hicimos dedo ya que para llegar a la ruta teníamos que tomarnos dos colectivos de linea y caminar bastantes cuadras- y tomamos un micro a San Salvador de Jujuy, en donde apenas llegamos nos reencontramos con Manuel.  Nos dijo que San Salvador era muy caro- los hosteles no bajaban de doscientos pesos- y que había sacado un pasaje para Purmamarca. Teniendo en cuenta nuestra experiencia en las capitales, seguimos su ejemplo. Eran las once y monedas y el micro salía a la una. Tomamos unos mates los seis y a la una arrancamos hacia el nuevo destino.
  Purmamarca es un pueblito de no mas de quince o veinte calles pero de gran atractivo. Nos hospedamos en una casa de familia a cien pesos la noche que, si bien dijeron que teníamos acceso a la cocina, mantuvieron la puerta de la misma cerrada. Nos vimos obligados a comer afuera. En el norte la siesta es sagrada y como ya eran alrededor de las tres de la tarde todo estaba cerrado. Solo conseguimos un lugar en el que con Male compartimos una milanesa con arroz pagando mas de lo que me hubiera gustado. Mas tarde volvimos a la casa y cuando los demás se fueron a pasear, con Male tuvimos la primer discusión fuerte del viaje. Nos arreglamos, paseamos por el centro del pueblito y a la noche fuimos a un pequeño bar ya que Nicole quería ver el partido de Talleres que jugaba contra Boca. Todos querían comer ahí y tomar algo. La realidad es que no compartía esas ganas debido a que no vengo a buscar ese tipo de experiencias, pero tampoco me gustaba la idea de cortarnos principalmente sabiendo que Male quería hacerlo. Accedí. Pero pienso que los comportamientos en grupo llevan a tomar decisiones que uno no quiere realizar. La idea es estirar el viaje y aprender de la simpleza, vivir con poco y aprender a ser feliz con poco. Ese pensamiento lo vi desvirtuado en los últimos días y se debe a que dentro de un grupo se tiende a perder la individualidad. Por eso me encanta estar solo y a pesar de a veces aislarme para escribir o leer, necesito mas tiempo para mi.
  Después de comer, salimos del bar y empezamos a buscar algún sendero para subir al cerro y sacarle una foto de noche sin éxito. Anduvimos por las afueras del pueblo, subimos una pequeña montaña y hasta entramos en un cementerio pero no hubo caso. Cuando estábamos volviendo a la casa de familia escuchamos música y nos acercamos. Un hombre de unos cuarenta años salió de una fiesta y nos invitó a entrar. Dijo que a las once iban a subir al cerro a enterrar el carnaval. Entramos y nos ofrecieron una bebida que se que tenía vino pero desconozco el resto de los ingredientes. Como chupan los norteños, mamita. Estaban todos en pedo y nosotros terminamos alegres. Al rato apareció una orquesta y gente disfrazada de diablitos. Empezamos a ascender al cerro y cantamos y bailamos con ellos. Algunos por momentos se pusieron pesados y acosaban a las mujeres. Male no se alejaba mucho de mi. En un determinado momento llegamos a un lugar en el que había tres grandes montañas de piedra sobre la tierra que eran ofrendas a la pachamama. Adornaron a estas con harina, botellas y los rosearon con alcohol. Una mujer se nos acercó y puso en nuestras manos unas pelotitas de piedra diciéndonos que las arrojemos a la ofrenda y pidamos un deseo. Así lo hicimos y un rato después el ritual terminó.
  Al otro día temprano hicimos el cerro de los siete colores que, aunque es lindo, no me impresionó demasiado. Esperaba una caminata mas larga y un paisaje mas impresionante. De todas formas valió la pena y me pone contento haber estado ahí. Al terminar, volvimos al hostel, agarramos las mochilas y de pasada a la ruta me compre un mate y con Male compramos un par de recuerdos para la familia.
  En la ruta no nos levantó nadie. Eramos muchos. Nuevamente comportamiento en grupo. Generé un gran vinculo con los cuatro compañeros de viaje que están con nosotros y realmente espero volver a encontrarnos cuando todo esto termine, pero no estoy reticente a separarme de ellos si nuestros tiempos son diferentes. No es ese el caso de Male. Seis personas al costado de la ruta estirando el dedo tienen menos posibilidades que dos. Me gusta mucho la experiencia de viajar en grupo, pero tenemos diferentes tiempos y a veces quiero pasar tiempo solo o con mi novia. Terminamos por tomar un micro que nos trajo hasta acá.
  Tilcara me gusta mucho, pero te cobran hasta el aire que respirás. Hector y Andrea, la pareja que conocimos en Cafayate, nos recomendó una casa de familia en la que cobraban cien pesos, pero al llegar a dicho lugar no nos atendió nadie. Estuvimos tres horas esperando. Nada. el resto de los hosteles no bajaban de ciento cincuenta pesos, pero finalmente conseguimos uno a ciento treinta con desayuno incluido.
  Una vez instalados visitamos el Pucará de Tilcara, las ruinas de los Tilcaras, una tribu aborigen .Al igual que las ruinas de Quilmes, me generó un amplio respeto.
  Hoy nos levantamos, desayunamos y emprendimos una caminata para visitar las Cuevas de Huayra. Al llegar al cartel que indicaba que nos faltaban seis kilómetros, una mujer nos interceptó para decirnos que está prohibido subir sin un guía, el cual nos cobraría ciento cincuenta pesos por cabeza. Le contestamos que tanto en turismo como en el hostel nos dijeron que podíamos hacerlo solos y que, además, nos querían cobrar por algo que era tanto suyo como nuestro. Ella esgrimió dos argumentos: por un lado dijo que era obligatorio ir con un guía para preservar el lugar ya que la gente lo ensucia y,por otro,que ellos, su comunidad, enfrentaban un juicio contra un hombre que decía ser dueño del lugar y que debían financiar dicho juicio. Le respondí que se podían tomar otra medidas para preservar el lugar- como poner garitas de seguridad con personal que controle como vimos en el Pucará- y que si ellos se tomaban la molestia de explicar su lucha a los visitantes y pedir una colaboración, seguramente mucha gente querría contribuir con su causa. El camino a las cuevas no tiene carteles, senderos, baños, tachos de basura ni nada por el estilo. No tienen gastos y obligan al visitante a ir con un guía para así facturar. Cuando nos dijo que era por seguridad le dije que deberían tener un documento en el que yo pueda firmar que subo bajo mi propia responsabilidad. Una vergüenza. Finalmente no pudimos hacerlo y al ir a turismo y a la municipalidad, todos se pasaban la pelota. Lo que hacen las comunidades es privatizar un lugar que no solo es de ellos.
  Al volver, indignados- yo personalmente-, comimos algo rápido y fuimos para la garganta del diablo. Nos abrigamos porque empezó a hacer bastante frío y a lloviznar. Ni bien empezamos la caminata por el sendero comenzaron a caer rayos, escucharse truenos muy fuertes y levantarse ráfagas de viento bastante importantes. Yo estaba en pantalones cortos y tenía un buzo arriba de la remera. Las chicas se asustaron y dijeron que ellas se volvían. Con Manuel y Lautaro seguimos. El clima empeoró y nos cruzábamos a gente que estaba bajando sin haber llegado al final. Aún así decidimos seguir. Hubiera sido muy frustrante que además de no haber podido subir a las cuevas tampoco pudiéramos haber hecho la garganta del diablo. La ida fue toda en subida y al tener la ropa mojada empezamos a tener frío. A la media hora paró de llover, el viento amainó y el cielo se despejó. Llegamos sin mas problemas y la vuelta fue mucho más tranquila. Cuando llegamos al hostel mojados, cansados y con frío pero triunfantes y orgullosos, las chicas nos recibieron con arroz con leche mientras nos contaban que un rayo cayó a metros de ellas. Entramos en calor, me puse a escribir y ahora me voy a comer.

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