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07/03/17 San Miguel de Tucumán / Tucumán

  Tras pasar una noche incómoda en el tren, alrededor de las once de la mañana, en el quinto día de viaje, llegamos a San Miguel. Estuvimos un rato largo caminando y nos encontramos con otros dos mochileros: Huén y Facundo. Preguntando en varios lugares llegamos a Turismo y averiguamos por donde y a que precios estaban los hosteles. CARÍSIMOS. Nada bajaba de los doscientos o ciento ochenta pesos. Al final conseguimos una habitación para cuatro personas en la que pagamos ciento treinta y cinco cada uno, pero con la desventaja de no tener cocina.
  Male al principio estaba un poco callada pero después entró en confianza y hablaba animadamente con nuestros temporarios compañeros. No me lo dijo, pero creo que la tranquilizó la presencia de otra mujer. Una vez ya establecidos en la habitación salimos del hostel, compartimos entre los cuatro las empanadas que nos quedaban a Male y a mi en la calle y empezamos a caminar. Male y yo entramos a un museo de arte Sacro mientras Huen y Facundo esperaban afuera para después entrar los cuatro a la Casa de Tucumán. Cuando ya terminaba la tarde decidimos ir a cargar el termo para tomar unos mates en el parque que se encuentra cerca de la terminal, pero la lluvia no nos lo permitió y terminamos por tener una extensa charla en la terraza semi techada del hostel en la cual Huén defendió la idea de practicar la militancia y participar de movimientos y protestas para cambiar al mundo al tiempo que yo defendía mi idea de vivir lo mas al margen posible y que el mundo se caiga a pedazos ( en algún momento voy a explicar esto por escrito). Después de bañarnos con Male fuimos a recorrer la feria de los artesanos y la peatonal en donde nos encontramos con Kathy, una amiga que tiene familia acá y estaba de visita.
  Me esta pasando algo parecido a lo que sentí en mi viaje al sur: los primeros días son difíciles. No saber en donde vas a dormir o como vas a llegar a los lugares, la falta de orden, puede resultar agobiante en un principio- hay que tener en cuenta que este viaje es mas ameno ya que el año pasado la primera noche la pasé abajo de un camión roto, en un descampado en Tres Arroyos-. Espero que todo siga igual a aquella primera experiencia y en unos días me acostumbre a la belleza de esta vida que voy a llevar por un tiempo.
  Por otro lado, San Miguel no me pareció la gran cosa. Es una capital y como tal en ella hay mucha gente, mucho ruido y mucho cemento. Aún siendo así, se aprecia una cultura diferente y estoy feliz de estar en este lugar y en este momento. De cara al futuro próximo busco pueblo, naturaleza, buena vista y tiempo para pensar. Veremos si lo encuentro.
 

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