14/5/17

10/03/17 Tafí del Valle/ Tucumán

  Segundo día en Tafí del Valle. Ayer fue un día hermoso por varias razones.
  Nos levantámos temprano en Lules, comimos el desayuno que nos daban en el hotel que brilló por su escasez y su mala calidad- el azúcar tenía hormigas y las tortillitas que nos dieron estaban duras como un ladrillo- para después acercarnos a la ruta. Apoyamos las mochilas, estiramos el dedo y a los dos minutos nos levantó un hombre de San Miguel llamado Adrián. Nos explicó la historia de los distintos nombres de las montañas y nos dejó a mitad de camino de Tafí, en un pueblo llamado Santa Lucía. Para este momento eran casi las once de la mañana. Nos cruzamos a una chica que nos dijo que y cuarto pasaba un micro que nos podía dejar en Tafí y que volvía a pasar recién alrededor de las tres de la tarde. Para no perder mucho tiempo del día decidimos hacer dedo los quince minutos que restaban y si nadie nos levantaba para entonces tomar el micro para así no tener que estar ahí hasta las tres. Nadie paró para llevarnos y cuando pasó el micro subimos.
  La ruta que lleva a Tafí es increíble tanto por lo hermosa como por lo vertiginosa. Maravillado, miré un rato por la ventana hasta que me empece a sentir mal por la altura. Luego ese malestar se transformó en sufrimiento. Empecé a marearme, tener nauseas y a sudar frío. La pasé como el orto. Male, en cambio, estaba radiante de felicidad. Sacaba fotos y miraba por la ventana mientras me tocaba la pierna para demostrarme su apoyo. Me hizo reiki y cuando estábamos llegando me empecé a sentir mejor y pude ver por la ventana.
  Una vez en la terminal hablábamos del espectáculo que veíamos: valles, montañas, lagos, ríos, fauna y flora. Una de las cosas mas lindas que ví. Nos colgamos las mochilas y empezamos a caminar. Preguntamos por un hostel llamado " Los palenques" y al principio no nos supieron ubicar pero después de patear un rato mas y preguntar en informes lo encontramos. Cuando llegamos, tocamos en administración y el chabón no estaba. Estuvimos dos horas esperando hasta que vino un pibe a decirnos que capaz llegaba a la noche, que pasemos a dejar las mochilas y a comer algo. Lo hicimos, cocinamos unos fideos y después tomamos unos mates. Para las cinco el tipo cayó y le pagamos por una cama. Al ser estas de plaza y media le preguntamos si podíamos dormir los dos en una y nos respondió que sí, que nos la dejaba en cien cada uno en lugar de ciento veinte.
  Paseamos por el centro porque debido a la hora ya no llegábamos a ir y volver a hacer algún sendero. Una vez de vuelta en el Hostel, nos pusimos a charlar con un grupo de gente en que había una linda mezcla intercultural. Un rumano, llamado Eugene, me regaló un libro sobre anarquismo y descubrí en él a una persona que piensa muy igual a mi pero que tiene mucho mas mundo, mas libro y mas experiencia que yo. Hablamos acerca de los males del mundo, de viajar- el prácticamente vive viajando desde los veintiséis y ahora tiene treinta y cuatro, recorriendo muchos países de Europa y algunos de América Latina-, de filosofía y formas de vivir al margen.
  Después de comer llegó mas gente, se empezó a pasar la cerveza y alguna que otra sustancia de la que Male y yo pasamos. Nos reímos, contamos anécdotas y me sentí inmensamente cómodo y relajado. Esto es lo que vine a buscar, este tipo de gente libre e inteligente que te trata como a un amigo de toda la vida. Coincido con Keruac cuando dice "la única gente que me interesa es la que esta loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de cosas comunes".
  Alrededor de las doce y media con Male nos fuimos a dormir y hoy nos levantámos con un clima frío y lluvioso. Queríamos ir a hacer un sendero por el cerro pero viendo las circunstancias vamos a ver que pasa.

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