" A donde quiera que uno vaya los hombres lo perseguirán y sacudirán con sus sucias instituciones, y, si es posible, lo incluirán a la fuerza, en su sociedad" afirma certeramente Thoreau. Te chupan, te absorben, con doctrinas y una moral a la cual hay mucho que criticarle. Quieren que seas parte; es molesto el que no esta conforme y trae a colación todas aquellas inquietudes que quieren hacer a un lado para así no permitir que el caparazón de mentiras que la sociedad provee no se rompa. Se esconden en la religión, en la política o en la rutina permitiendo que sus propias creaciones se adueñen de ellos.
A partir de algo que leí el otro día empece a reflexionar acerca del hombre y sus misterios. Se dice que Adán, pecaminoso, probó el fruto prohibido y por ello fue expulsado del paraíso. Se suele describir a este ultimo lugar como a algo de belleza sin igual en el que la pureza alcanza su punto culmine. No puedo evitar una analogía con la naturaleza: ¿ no somos, acaso, lo único externo a ella, lo único que altera el orden autosuficiente de la misma? Las montañas, ríos, mares, volcanes, estrellas, el sol y la luna, nunca han buscado verdades, nunca se cuestionaron el por qué de su existencia. Al igual que las plantas y los animales simplemente están ahí, son parte de un todo al que nosotros no pertenecemos. Con o sin fruto prohibido, siendo o no creyentes, fuimos excluidos de todo lo que nos rodea, estamos perdidos en el cosmos. En pocas palabras: algo, alguien o la nada misma nos dió una patada en el culo con el mensaje implícito de que nos la arreglemos solos. No me considero una persona religiosa, pero es innegable la existencia de algo mas grande que nosotros y aquel que lo niegue es un necio. Creamos y seguimos creando para olvidar, con el objetivo de no permitir que el fantasma de nuestra angustia existencial entre a escena. Parafraseando al Sócrates platónico: "sabio es aquel que tiene conciencia de su ignorancia", el peor necio que puede existir es aquel que cierra los ojos y abraza las instituciones creyendo que su frágil casita de cartas no puede ser derrumbada con las mas leve ventisca.
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